viernes, septiembre 01, 2006

La Locura-Una Reflexión



"La locura es algo tan inexcusable a la condición humana, que inclsuo el no estar loco es una forma de estarlo también."
-Blaise Pascal-




Para muchas personas la locura es paradójicamente cosa de locos. Uno no podría creer que de un ser humano brotaran tantas acciones o concepciones, tan estrepitosamente diferentes a las que estamos acostumbrados. Y para tratar de proporcionar una explicación de éstos fenómenos, la primera ciencia autorizada -o tal vez que se autorizó para ello- fue la medicina. ¿Y por qué no, si de lo que trata es de curar? Ahora, que si de curar se trata, entramos en algunos problemas, ya que si bien la cura puede o es tomada por una enfermedad, también es cierto que sobre todo es una condición que ubica al sujeto respecto de no solo su realidad sino también -y tal vez más espantoso- respecto de la sociedad.
Bien pues, la ciencia médica es la encargada del tratamiento y manejo de dichas personalidades -los son en todo lo amplio del término-, en centros especiales en los que se les confina hasta su recuperación. Que no se me mal interprete, no soy partidario de la concepción "antipsiquiátrica"; pero que tampoco se me mal interprete, no apoyo algunas de las acciones llevadas a cabo dentro de esos centros, incluso de sus concepciones acerca de esta condición.
Bien pues, había una época dorada, por decirlo de alguna manera, en que toda la ciencia médica encargada de éste tipo de pacientes no tenía más que una herramienta para sustentar las teorías que elaboraba. A esta herramienta me permitiría llamarla retórica. Es que todos los padecimientos eran concebidos como errores de juicio, creencias exacerbadas, errores en la percepción que, a falta de herramientas tecnológicas que permitieran determinar algunas de las causas "biológicas", no tenían más que la herramienta antes mencionada para tratar de elaborar teorías que fuesen convincentes.
Bien pues, ahora existe una época en la que gracias a los avances tecnológicos, ha sido posible distiguir y aislar ciertos signos neurológicos que indican la presencia o ausencia de la locura. En la aulas en donde los médicos, ahora especializados en el estudio de ésta condición, se habla de la presencia y ausencia de tal hormona, o de tal neurotransmisor. Incluso correlaciones de síntomas para llevar a cabo un diagnóstico diferencial. En pocas palabras, una maravilla.
Sin embargo, no sé si se pueda percibir que algo en ese paso se perdió, se olvidó o se obvió. En ambas épocas se ha tratado de buscar una cura para la condición. Se pasó de un examen de los errores de juicio y percepción relatados por los pacientes a un examen de los componentes bioquímicos que determinan la actividad neurológica. Se podría decir que se pasó de las personas a los cerebros de esas personas, incluso algo más específico, a las funciones de los cerebros de esas personas.
No lo sé de cierto, pero supongo que existe un abismo gigantesco entre ambas concepciones. Es decir, de las acciones, creencias y percepción de la realidad a las biomoléculas y actividad eléctrica de estas personas... así, como si fuera lo mismo.
Es curioso pensar que el punto de vista de los médicos podría resumirse de ésta forma: de funciones específicas podemos deducir y corregir funciones generales. Y esto es posible, sin duda, pero no existe neurólogo que se dé a respetar que no acepte lo desconocido que resulta tratar de llevar al límite unos conocimientos hasta la fecha incipientes para poder tratar de determinar causas generales, sobre todo las que se relacionan con un tema que no ha dejado de ser cuestionado a lo largo de la historia, esa que es nuestra: la existencia humana.
Y qué es la historia, incluso la existencia misma del hombre, sino una relación, en todo lo amplio del concepto. Es decir, que si bien la condición humana se encuentra basada -incluso determinada por- en las funciones biológicas que le permiten la existencia, también es cierto que la relación del hombre no es en ningún momento específica, si por específica se pueden entender causas perfectamente determinadas y excluyentes que influyan en el existir humano. Es decir, que el hombre ha estado a merced de los descubrimientos e invenciones que provienen de su propia existencia, a merced de la relación que establece consigo mismo.
Pero existe un mediador que es la realidad, esa que siguiendo los descubrimientos médicos debería situarse, a manera de esquema, en el polo opuesto de los procesos bioquímicos neurológicos. Ya que uno incida en el otro, es cosa de paradojas, que aun siéndolo aportan algo al entendimiento de estos procesos. Pero esto es sólo un esquema que no pretende más que dar a entender una posición. Es decir, que siguiendo este esquema, algo viene de fuera y algo sucede adentro; o viceversa. Ambas posiciones siendo plausibles de ser interpretadas como inicio de una enfermedad, es decir, endógenas o exógenas. He aquí un relación todavía: lejana, pero relación. Y eso es justamente lo que trato de analizar: la cualidad de la relación. Y aquí no se trata, como ya se dijo arriba, de demeritar una concepción o los avances en cierta materia. Simplemente se trata de no dejar de lado lo que en el hombre supone una relación. Y esto que bien podría ser un poco extraño, parece ser sin duda cierto: la enfermedad -de cualquier tipo- es percibida como algo ajeno a la existencia, algo que viene a interrumpirla de alguna forma o de menos a torcerla en contraste con lo que era. Y esta irrupción no es concebida como un cambio neurológico: es simplemente concebida como algo con lo que se tiene contacto.

A lo que voy es que me parece insuficiente el tratamiento médico basado en medicamentos, sobre todo por el motivo de la relación que existe entre el hombre y su medio. Por ejemplo, un soldado que, independientemente de lo que haya vivido durante el entrenamiento, después de regresar de una actividad que implique el intercambio de fuego, el arriesgar la vida, vivencia de escenas duras, difíciles por decir lo mínimo; al regresar de aquél infierno, comienza a presentar alucinaciones y tendencias paranoides. A mi parecer, sería insuficiente un diagnóstico basado en el porcentaje de tal o cual neurotransmisor, en el aumento o decremento de tal o cual hormona: se hace a un lado la relación del hombre con su medio, la existencia puesta en juego. Y no es que sólo en estos casos se ponga en juego: la existencia se pone en juego en cualquier situación y es por eso mismo por lo que no debe de ser demeritada, o al menos obviada.


La experiencia subjetiva no debería de ser olvidada y por el contrario ser valorada como una causa de los cambios neurológicos. Esto sólo por el hecho de ser correlativa al desempeño neurológico del organismo. En algunas ocasiones es más claro que en otras.


Pero de ninguna manera es aceptable determinar -pues tal es una de las consecuencias del diagnóstico- la enfermedad, en base a agentes biológicos que de alguna u otra forma nada tiene que ver con la existencia misma.


Es la existencia la que se pone en juego.